No es que viva en el pasado, con el cuello torcido como la esposa de Lot, no es que no crea o que crea demasiado, sólo creo, y que baste con eso, pero la quiero.
No es que no me apenen mis errores, ni he olvidado lo que también ella hizo mal, nadie es perfecto. Y tampoco creo que seamos como el perro del Eclesiastés que vuelve a lo que volvió una y otra vez.
No es que esté solo, pero me siento abandonado sin ella. De verdad la quiero, aunque al parecer se me haya adelantado el final. Ni modo de vivir llorando, ni modo de cargar el peso de las lamentanciones de aquí hasta que yo descanse en paz. Pero ojalá pudiera existir otra oportunidad.
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