Archivos para Enero 2009

25 cosas sobre mí

1. Me encanta el idioma español. Alguna vez en el pasado lo odiaba, muchas reglas muchos acentos, mucho mucho. Prefería el inglés. Ahora adoro el idioma español (en serio).

2. Soy muy soberbio. Desplantes de divo. Eso dicen, igual tienen razón, pero creo que lo que espero es un respeto de parte de los demás similar al que muestro por ellos. ¡Nah!, ¿a quién engaño? Creo que si soy soberbio, pero eso no me honra. Llevo 41 años tratando de arreglar eso. La soberbia es síntoma de inseguridad, por eso procuro usar siempre cinturón.
3. Esta especie de confesionario me recuerda a un juego de la primaria. No recuerdo muchas cosas de la primaria. Mi memoria es buena, pero creo que ya se mezclan en ella los recuerdos verdaderos de los inventados.
4. Soy adicto a la lectura. Cualquier adicción es mala, incluso esa. Creo que me gusta leer no para aprender ni conocer, sino para fugarme. Me gusta el cine y la música.
5. Las buenas conversaciones son uno de los mayores placeres que tiene la vida para mí.
6. Creo que “la vida está en otra parte” debe ser mi lema (y eso es contra mi voluntad).
7. Comprobado, cada que bebo (en demasía, lo cual es frecuente), sufro el síndrome del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Ya no me gusta. Hmmm esto no debe ser sorpresa para nadie.
8. Enrique Bunbury, Andrés Calamaro y Joaquín Sabina, son para mí los mejores compositores-letristas que hay en español. Dylan es divino, el mejor en general.
9. Tardé mucho años en probar las drogas porque siempre he creído que tengo drogas incluidas. Igual empecé a experimentar cuando se me terminó la dosis interna/natural.
10. El diez es un número presuntuoso, igual el 100. No me gustan las matemáticas, pero cuando no pienso que estoy haciendo matemáticas las cuentas me salen bien. Creo que con ellas tengo pánico escénico. Los números me intimidan, prefiero las letras.
11. Ahora soy muy miope (no sé si culpar a los libros o a la computadora, o a ambos), todo adquiere tintes impresionistas más allá de los tres metros contados a partir de la punta de mi nariz. Al menos tengo la ventaja de tener grande la nariz.
12. 25 cosas sobre uno es una lista muy larga. No me gustan las biografías no autorizadas. ¿Quién carajos le da el derecho a quien escribe esas cosas a decir lo que el biografiado (¿existe esta palabra?, bueno el tipo(a) que es objeto de la biografía) no quiere/quiso decir? Me encantan las autobiografías aunque sean realmente mitografías.
13. Creo que mi única vocación verdadera es carecer de vocación verdadera. Lo más cercano a vocación para mí es escribir y tener buenos amigos. Aunque lo segundo más que vocación es una suerte divina.
14. Tengo que vivir al menos un año en Buenos Aires.
15. Soy muy visceral (eso no significa que mi abdomen sea muy abultado, bueno lo es, pero no lo dije en ese sentido).
16. Hmmmmta, 25 cosas, son muchas. Me dan miedo los fantasmas y las cosas sobrenaturales. Agradezco no tener el sexto sentido como el de la película de Bruce Willis y no ver deambular gente muerta. Realmente lo sobrenatural me aterra.
17. Quisiera que al morir todo se acabara. Nada de vida eterna, nada de reencarnación. Una vez es más que suficiente para mí.
18. El trabajo es un medio, no un fin. Necesario. Soy un vagabundo que prefiere tener dinero. Con la edad uno se acostumbra a la comodidad, de hecho la exige. Sin embargo también me aterra la vejez. Me choca estar en el umbral de ella. Quien dice que la vida empieza a los 40 miente. La vida empieza en el momento en que uno nace y cada momento y edad de la vida es importante.
19. El ser humano no es bueno por naturaleza (Rousseau además de tener demasiadas vocales en su apellido se equivocaba). El hombre es un ser extraño. Puede ser bueno, pero no creo que sea por naturaleza, sino por compromiso. En general el hombre es un holgazán moral. Prefiere ser guiado, busca quién le diga qué hacer y por dónde ir. Siempre necesita un líder. OK, no todos los hombre, pero sí la mayoría. “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset (es uno sólo, pero con un rimbombante apellido) es un libro que no sé si me influyó mucho o me identifiqué mucho con él. Ahí se habla del hombre como un holgazán moral. Gracias a Dios siempre hay excepciones a todas las reglas.
20. Hay veces que añoro creer en una religión. Creo en Dios, o en una fuerza divina, pero no creo en ninguna religión. Ellas son simplemente creencias institucionalizadas. Realmente le tengo tirria a San Pablo por encargarse de hacer del cristianismo una institución.
21. Me qeuivoco (quise decir “equivoco”) con frecuencia y mis propias palabras suelen ser el elemento más común de mi dieta. Espero ahora tener menos errores que aciertos, pero no sé, eso sólo el tiempo lo dirá, y el tiempo jamás habla, sólo pasa. Errare humanum est. Ese es de los pocos latinajos que conozco. No me gustó “El nombre de la rosa” porque se me hace un libro interesante, pero pedante, lleno de frases en latín (ninguna de ellas traducida). Alea jacta est. Requiscat in pace.
22. Me gusta mi letra manuscrita, sobre todo cuando estoy de mal humor.
23. Me gusta mucho el Pato Donald (Mickey Mouse me desagrada, nadie puede ser tan ‘buena persona’). Las caricaturas de Tom y Jerry me hacen reír mucho (de niño las odiaba, son muy estridentes) y no creo que sean para niños.
24. Soy muy muy impaciente (¿ya se va a acabar la lista?)
25. Capricho es una palabra que me disgusta.

Maravilloso

Esto es simplemente maravilloso. Sin más palabras.

http://www.vimeo.com/2539741

Sept 19, 2008 Dubrovnik

Asumamos que estoy frente a la catedral de la Asunción de la Virgen y arrestemos el hecho que mi mochila ha desgastado la parte trasera de mi suéter favorito, que no me quito por exceso de frío, hasta dejarlo como la piel de un gato gris con roña. Dubrovnik es lindo, pero parece el Mundo de Disney para adultos de la tercera edad. Otro strike y yo también estaré out. Me duelen mucho los pies, es por eso que tomo asiento y agua, y siento que el tiempo pasa, que ha pasado y que mi presente ya no tiene mucho futuro. El reloj está a mis espaldas. Frío, frío, pero no me he enfermado. Los turistas son como olas, se calma un poco su flujo, para después regresar con fuerza renovada. Hoy me dijeron que hay excursiones por aquí que no puedo tomar debido a mi nacionalidad (necesitaría una visa). Esas trabas para que uno vaya a donde le plazca no son sanas. Hay muchos gatos en esta ciudad. La batería de la cámara está expirando, sólo me duró media ciudad. Creo que he tomado demasiadas fotos y demasiada cerveza y demasiados asientos. Me alegro que llevo algo de tiempo sin fumar, mis pulmones me lo agradecen. “¿Y nosotros qué?”, protestan mis pies. Me hago el turista y pongo punto final. Por la espada realista de la columna de Orlando. Sept 19, 2008 Dubrovnik

Sobriedad

Noches de alturas, cerca de la estrella más alejada y brillante, viva en apariencia. Amanecer en el fondo del Gran Cañón, disparado a la realidad con sentimientos de culpa y persecución. Tinieblas a pesar del sol. Más de uno puede ser un espía o un vigilante. Las acciones recientes, inconscientes y olvidadas; pero en el fondo están allí reclamado o burlando, no falta quien las haga recordar. Falsa puerta de salida, dolorosa la caída. Ese truco ya no es efectivo para darle el esquinazo a la rutina, al peso de los días, al sinsentido obligado. Sueños de fuga que en realidad son pesadillas. Temor a la noche, terror al día. Los amigos se van yendo, poco a poco, o uno se aparta de ellos; el tiempo sólo sirve para alejarse de los demás y acercando el final. No hay muchas opciones al parecer: el autoengaño, las flores del mal o pisar el acelerador; sólo dos si ya comiste del fruto prohibido del jardín de Dios. Ninguna conviene realmente. Hasta la siguiente mentira, de boleto ficticio y velo ante los ojos, para pagar las facturas a la mañana siguiente.

Muralla medianamente medieval

Sentado en un punto de la muralla que rodea la vieja ciudad medieval de Dubrovnik, sin imitar al Humpry Dumpty, pero sin hacer nada productivo, pienso tras salir del fuerte que soy más débil que lo que creí. Ahora necesito descansar, en reposo de huevo, sin posición fetal. Los chinos que me doblan la edad pueden más que yo, debe ser el Ginseng o el té verde; aunque creo que en mi caso son ciertos ligeros desmanes que me he permitido y también el cigarrillo. Podría seguir por siempre dando la vuelta por el mundo, así, descubriendo rincones, aunque acepto que le emoción que producen los descubrimientos ya no es la misma que ayer. Podría seguir y jamás regresar a ningún lugar; pero no quiero hacerlo, simplemente no quiero. Ese es un deseo que ha dejado de ser, y no creo que se reanime pronto. La moneda de Croacia es la Kuna, en ellas verás grabados diversos animales, tengo el oso, el ciervo y el salmón o la sardina. Desde aquí veo los tajados de la vieja ciudad medieval, tejados en su mayoría nuevos, recientes, limpiamente anaranjados, parece a veces parque de Disney. Eso se debe a que hace no mucho tiempo hubo una guerra, por ahí de principios de la década de 1990, en donde Dubrovnik salió muy mal herida y apenas se recupera. El mar a la vista. Fuertes y cañones, no hay ni rastros de piratas, en su lugar, por la muralla pasean chinos, japoneses y estadounidenses alimentando sus cámaras voraces. Dormí bastante bien, así que supuestamente tengo energías. Para desplazarte por aquí te conviene comprar el boleto del bus en algún puesto de periódicos, pues si lo compras en el autobús te sale más caro. No quiero perderme, al menos no ahora. Amar a alguien no es abdicar la individualidad, la soberanía personal, no es bueno imitar en eso al rey Lear, de hecho no es bueno imitarlo en ningún sentido. Viajar enriquece, es cierto, pero también empobrece un poco, pues va matando ilusiones y leyendas, hace el mundo más humano. Después de mi respiro, mejor sigo.

Sept 19, 2008. Dubrovnik.

¿Y ahora?

Ya estoy de vuelta en México. No, no me importa realmente que haya presidentes cuyo color de piel sea diferente al mío. Esperanzas, tengo en gente que conozco (especialmente en una). Y escribo sin decir nada. Típico de mí. Ahora aquí, recién llegado ya estoy pensando adónde me piraré luego. Sigo siendo intolerante, pero al menos ya me quedo callado. Típico de mí. Con este escrito me decepciono hasta yo. Hablar por hablar. Típico blog. Pero no hablaré del clima, aunque hace mucho frío. Sigo resfriado (intrascendencia para alguien que se encuentre más allá de mi nariz). Típico de mí. Soy el centro de mi universo, aunque una estrella brillante me importa mucho, de algo sirven las lecciones de matemáticas de la primaria. En México se vio la toma del nuevo puesto del presidente ajeno, pan y circo que se exporta. Típico de mí. Y espero no estar empezando algo de lo que no estaré tan seguro después.

Adiós a Roma

Despierto temprano y desayuno ligero. Café con leche, un jugo artificial que sabe a tarjeta de crédito exprimida y dos pigmeas piezas de pan. Hoy me despido de Roma. No me queda por ver algo que no tuviera la intención previa de haber querido ver. Vi de más. Dejo mis maletas en la terminal y tomo el primer autobús urbano que veo. Que me lleve lejos del turismo, adonde vive y trabaja la gente. Elegí un mal/buen día (el relativismo de los valores y ese maniqueísmo tan clavado en mí) porque hay muchas protestas callejeras, epidemia urbana universal, y el autobús es desviado. Ahora conozco zonas que ni los locales conocen. El calor dentro del vehículo es mucho, sudo como cerdo en sauna, estoy empapado. Pero si me quito la chamarra me congelo, dilema, pues si me la dejo puesta me cuezo en mi propio caldo. Ya me fijé un destino: el consulado de Croacia (siguiente punto de mi viaje) en Roma. Bajo para tomar el autobús de la línea 210, para luego trasbordad al de la 223. Todo bien. Son las 11 am y llego al consulado. Dos guardias me dejan pasar, extrañados, no suelen recibir muchas visitas en este lugar. Los tipos miraban atentos algo en el monitor de una computadora, los interrumpí, me dejan pasar y vuelven al monitor. Me da la impresión de que están estudiando algo importante. Al dar la vuelta y entrar, me doy cuenta que ambos guardias están concentrados en un videojuego. El par de barrigones son hábiles esquiadores que hacen piruetas sobre la nieve, en un mundo virtual. Virtual universo, en ese mundo en el que soy Indiana Jones unas horas y al otro día soy Supermán. Prefiero los sueños, aunque la droga del videojuego me la aplico de vez en cuando, procuro no hacerlo en horas de trabajo. Quién viera a estos guardias entreteniéndose tan inocentemente, ¡con las caras de matones que tienen! Una señorita malhumorada me da la información que requiero y me despido de ella y de los guardias que siguen jugando. Tomo el autobús de regreso a la estación de Termini, recojo mi equipaje y me voy al tan familiar –para mí- aeropuerto Fumicino. Documento mi mochila media hora antes de tener que estar en el puerta de embarque. Las líneas aéreas croatas no se ven muy eficientes. Volaré de Roma a Zagreb y de allí llego a Dubrovnik, llegaré a las 11 pm a mi destino. Mientras tanto… aeropuerto, ya no me gustan los aeropuertos, uno pasa en ellos demasiado tiempo. Abordo el avión y resulta que tengo una escala no programada en Split. Bajamos del avión, nos hacen llegar a una sala y volvemos, de inmediato, a abordar el mismo avión. Surrealista, Alicia sin liebre, sin té y sin sombrerero loco. Ahora vamos a Zagreb, que está al Norte de Split, para luego viajar a Dubrovnik, que está a al Sur, y muy cerca, de Split. No me gustan las líneas aéreas croatas. Los croatas tuvieron problemas con los turcos, por eso no supe cómo tomarla cuando me ofrecieron en el avión “cheese or turkey?” ¿Turkey es pavo o turco? ¿Serán los croatas antropófagos? ¡Ofrecen a los turistas la costumbre de comer a los semejantes de especie o comer queso? Opté por el queso. En Split me dijeron que mi mochila documentada llegaba conmigo hasta Dubrovnik, así que no tenía que reclamarla ni volverla a documentar en las escalas del vuelo. Llego a Zagreb y me adelantan el avión una hora al tiempo originalmente programado. Eso suena bien, pues ya estoy cansado de tantos aviones. Por fin llego a Dubrovnik, mi equipaje no. Pero mi contratiempo lo comparto con una venerable pareja proveniente de Miami y una joven pareja que viene también de los EEUU. Todos sin equipaje. La pareja de viejos recibe tarda como 40 minutos en levantar su queja. Es tarde, sólo hay una lenta empleada para recibir la queja. Es vieja, su voz es ronca, demasiado cigarro, al parecer, sus dedos manchados de nicotina, no tiene bigotes amarillos, pero seguro disimula las manchas de sus labios con lápiz de tono oscuro. Sigue la otra pareja que tarda más o menos lo mismo. Al llegar mi turno me dicen que acaba de llegar otro avión de Zagreb, el que originalmente iba a tomar yo y sí, en él llega mi equipaje. Salgo y ya no hay autobuses, es muy tarde, ya lo mencioné. Afortunadamente en Italia cambié 50 Euros en Kunas (la moneda de Croacia), curiosamente eso es lo que me cobra el taxi del aeropuerto al hotel. Creo que por el momento no he dicho ninguna mala palabra en esta relación de sucesos, me sorprende, será que aún no me duele mucho el alma por haber pagado 50 Euros por un viaje en taxi. Seguramente de día el trayecto del taxi hubiera sido espectacular, pero mi recorrido es sólo tinieblas. Consejo no solicitado, pero dado al fin y al cabo: Llega de día a Croacia y nunca, nunca, tomes un avión de Croatian Airlines.

Sept 18, 2008. 1 am, Dubrovnik

Sin-sen-tido

Muchas cosas puedo decir. Y en este espacio, fértil tierra para la anarquía de mis pensamientos y sentimientos mentados con letras, me dedico a poner lo que se me ocurre. ¿Y por qué tienen ustedes que leerlo? Ni idea, eso mismo me pregunto. Bíbidi Bábidi Vudú, ya lo dije, la representación de Cenicienta en Haití. Esto no es autobiografía, mitografía. Lo del NO me revoloteó en la sesera toda la noche anterior. Alguna vez hace más de dos décadas pensé en escribir la teoría de la negatividad, pero me negué a ello. La práctica le ganó a la palabra. En fin. Sigo llenando de palabras este lugar físicamente inexistente, esperando que un día el viento se las lleve y yo me quede callado.

NO

NO. Con el sube y baja de la N, como el ánimo del enamorado rebotado (la M tiene un bajón de más) y la circular perfección de la O. Cómo duele la negativa cuando se esperaba una respuesta positiva, pero a la realidad vale más aceptarla que a fuerza no entran los zapatos. Qué más hubiese querido que la combinación serpenteante y recta del SÍ fuera la respuesta que ella me dio. Pero no, fue el NO. Tan bien que íbamos, caray. Pero de bajada y sin frenos era de esperarse el choque. Y me quedo con la montaña rusa de mi M, con el recuerdo de besos y caricias, pero sobre todo con lo que me dejó su corazón. Distancia por un buen rato, si no es que distancia definitiva. Nada es definitivo y yo ya ni me creo a mí.

El mesero romano y la pareja segura

El restaurante del cantante folk italiano, el mesero bien plantado con ademanes de charlot (no puede impedir hacerse el gracioso, va incluido en su naturaleza) coquetea con la norteamericana bien acompañada por su esposo, éste último un digno personaje de chiste, sin embargo se nota que es un tipo exitoso. El esposo, no entiende nada de las gracias del mesero, pues su cerebro sólo capta lo que se dice en el idioma de los negocios y de las presentaciones empresariales, institucional hasta en su sentido del humor. Ella, en cambio, capta los mensajes mundanos, los dobles sentidos y las connotaciones sexuales… el macho latino y joven tiene su atención. Pero la esposa no suelta su tabla de salvación, no importa qué tan bravo sea el mar de las tentaciones. Deseos tragados con tal de tener un futuro y la universidad para sus hijos. Gracias al cielo por alejarme un rato del mundo aséptico y recordarme por qué trabajo. Me levanto de la mesa, doy propina al charlot mesero y dejo atrás a esa pareja digna representante de lo que no quiero.

Roma, Sept 17, 2008

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