El rincón de Miss Elania

Septiembre 3, 2008

Parque México

Por mucho tiempo pensé que allí empezaría lo definitivo o en su defecto, allí ocurriría el final final (pues se han dado mucho finales, incluso en ese lugar, y siempre hubo reencuentros). Pues parece que no. Las cosas rara vez resultan como uno las planea. En la vida no hay villanos, a menos que la persona sea realmente mala y se regocije por ello y haya víctimas que se aguanten la ventaja alevosa. Las cosas pasan y si se amargan no suelen ser nomás por la culpa de uno. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grande culpa. Toda historia tiene más de una versión y el que dos pintores tengan el mismo objetivo no significa que sus obras serán iguales. Qué más quisiera uno que acabar bien lo que debe acabarse, pero parece que prolongarlo más de la cuenta siempre hace que se acabe mal. He escrito mucho, demasiado para mi gusto, acerca de despedidas y adioses, basta con darle un vuelo de pájaro desplumado al otro blog y a mis libretas, y sin embargo nunca he logrado decir un buen adiós. Suelo irme, así nomás, como el que salió por cigarros y nunca regresó; pero hay veces, en mi vida hasta ahorita sólo una, en que no se vale hacer eso. Saliendo porque ya no se puede estar adentro, saliendo porque igual jamás se estuvo realmente adentro (y esto, por definición es un absurdo). Me dije que me iría cuando la cosa se tornara absurda, y fue absurda por largo tiempo. No quise que acabara mal, pero hay veces que no hay otra forma de acabar. Nadie es perfecto y antes de recriminar y odiar es mejor separarse. OK perdón me queda como anillo al dedo, pero no en la dirección que se supone.

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