Bajo la lluvia sin canción

Se despega el cigarro de la boca, lo arroja al suelo catapultándolo con el dedo índice que no indica nada, sólo empuja. El tabaco se apaga, como se extinguió el apego. El sueño se terminó. Decisión, simple decisión. No va más.
Levanta el cuello de la gabardina, se abriga mejor, sale de la esquina donde pensaba y entra en la lluvia. Camina mojado como sardina, decidido como misil. En la esquina abandonada se deja el extravío.
Camina a paso seguro por esas calles llenas de recuerdos, se encasqueta mejor el sombrero. La noche de diluvio mantiene a todos los animales dentro de sus arcas.
Hacia donde mire él, acecha un momento compartido. Allí, afuera de la panadería, comentó con ella las delicias de harina, allá en la curva cerrada de la avenida abierta se contaron cosas de sus familias, y en el cruce del semáforo tricolor se declararon amor, por siempre.
Pero la eternidad está muy lejos de los mortales. Las ilusiones se deslavaron por realidades. Nada resultó como lo idealizaron.
Transformaciones, cambios y luego infiernos.
Ya no más tormentos, no más tormentas internas, no más juramentos, no más ofensas, ni faltas ni necesidad de perdones. Pues él acaba de dejar el extravío en la esquina abandonada.
Se acerca a donde ella vive, él lleva el rompimiento bien establecido, practicado mientras fumó el último cigarrillo, mientras la lluvia caía, y la lluvia sigue cayendo.
Toca a la puerta, espera, espera.
La desesperación carcome, la decisión también, pero no hay lugar para las dudas.
Ella abre, él al ver sus ojos olvida su fortaleza, desmemoria el discurso, evapora la determinación, sólo exclama un dulce “hola”, y entra.
La puerta se cierra, un ciclo se abre.

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de aquí en adelante

No es que viva en el pasado, con el cuello torcido como la esposa de Lot, no es que no crea o que crea demasiado, sólo creo, y que baste con eso, pero la quiero.
No es que no me apenen mis errores, ni he olvidado lo que también ella hizo mal, nadie es perfecto. Y tampoco creo que seamos como el perro del Eclesiastés que vuelve a lo que volvió una y otra vez.
No es que esté solo, pero me siento abandonado sin ella. De verdad la quiero, aunque al parecer se me haya adelantado el final. Ni modo de vivir llorando, ni modo de cargar el peso de las lamentanciones de aquí hasta que yo descanse en paz. Pero ojalá pudiera existir otra oportunidad.

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Pérdida de tiempo

Se dice ganar experiencia, saber algo más, desconocer algo menos, pero nada te llevas cuando salgas de aquí, eso es una vil pérdida de tiempo.
Se dice que creas recuerdos, que atesoras momentos, pero a todo se lo traga el olvido, igual pasa estando lejos que estando aquí, conmigo.
Se dice que eso es vivir, acumular lo que puedas en tu camino, para luego tirarlo al desperdicio. Consumir lo que te haga fuerte y seguir adelante, hasta que se acabe el camino.
Se dice que hay más allá, ojalá sea algo ni remotamente parecido a lo que ahora vivimos. Yo no quiero siquiera empezar desde cero, me gustaría que no hubiera nada y que dejáramos de perder tanto el tiempo.

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Te quiero

Quisera decirte que te quiero. Experimento ese sentimiento completo, que ya es natural en mí.
Te quiero con esa añoranza que nace de tu ausencia, con ese sentirme completo que resulta de tu compañía.
Te quiero con la tranquilidad diaria, no excenta de su buena dosis de pasión.
Te quiero, pero entiendo tu desconfianza, suelo cambiar con más frecuencia que los vientos en el mar. Comprendo que receles de mis palabras, porque mañana todo puede regresar al ayer.
Y sin embargo… sin ser Galileo, te quiero.

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Perezoso como quien diseñó la bandera de Japón, sin ansias de querer nada, con el cansancio atado como ancla que me arrastra al fondo del barril existencial, escribo con desgana de granada sin granos, escribo como si respirara bajo el agua, vomitando absurdos en el blanco de una pantalla que no me asombra, el sol no me calienta y mucho menos lo hace tu recuerdo, frío como el extremo norte o como el sur azul, indiferente con la gente, mudo con el mundo, dejado como el vestido de novia usado, un autobus incendiado a la mitad del desierto, desisto hasta de lo que no he iniciado, renunciado a cualquier religión, vaciado de los antiguos vicios, esto sabe a las últimas páginas de un libro, cuando quedan pocas hojas para llegar a la tercera de forros. Desde el palo mayor el vigía tuerto tiene a la vista el punto final. Hora de dejarse levar por la corriente que no tiene nada de especial.

fin

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memoria sin sentido

Recuerdo una infancia feliz, en general creo que mi vida ha sido feliz, ojalá así sea hasta su último día. Raro que recuerde no mi infancia sino una canción que hace mucho no escuchaba. Rivers of Babylon,

cantada por un grupo de POP europea, conformado por antillanos (albores de la globalización) que fue un gran éxito en su momento, no sé si en EEUU, pero al menos a México sí llegó fuerte (desde Alemania, cuando eran dos, pero ésto venía por supuesto del lado capitalista). Eran los tiempos de los discos de 45 rpm, del estéroe maleta verde, con radio incluido. Si no me equivoco La pantera en el 590 de A.M. se encargaba de transmitir rock, alguna otra estación pondría el POP, a estos Boney M, de quienes compramos en mi casa el sencillo Ruso-influenciado de Rasputín (ajá, el monje misterioso dio pie a otro éxtito de ese grupo).
Esos discos seconseguían en Mercado de Discos, creo que por allá por Avenida Tacuba, o en Eje Central, aunque sospecho que en 1978 aún no era ‘eje’. A veces sueño que voy a ese lugar lejano acompañando a mi madre a comprarme el útlimo capricho musical. Que igual no fui yo, quizá mi mamá lo quería, pero yo la apoyaba, lo compraba ella y lo oía yo, también mis hermanos. Recuerdo el disco, de funda amarilla con cuatro negros en la portada (tres mujeres y un hombre de enchinado cabello). Música disco hablando de un monje asesinado que tuvo que ver con la Alejandra del Nicolás, pares de una Anastasia, zares caídos en desgracia (algo tuvo que ver Rasputín en ese ajo).

Da miedo la memoria, que detone cosas así de la nada, que evocan más que sucesos, sentimientos, emociones, lugares. Y tentado me veo a caer en la idiotez generalizada de idealizar la infancia. En fin.
También recuerdo Ma Baker (una asaltabancos) lejanamente. Sonidos de hace mucho tiempo.

Sin ambargo la que brinda algo de paz es Rivers of Babylon…

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Ya

Pérdidas de tiempo aparente, aprendizajes no deseados, pero adquiridos, a la fuerza, con violencia y tras varios golpes contra muros en callejones sin salida, sin sentido, sin sazón ni razón. Así pasa que se va la arena y nada queda, mas que mucha experiencia, que por fin fue adquirida cuando ya es demasiado tarde, cuando ya no sirve para nada, en la última bocanada. Hay que salir por la puerta escondida, antes de que caiga el telón. No sé para qué, el único espectador era un juez y es el autor.

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Sólo el fin del mundo

Sólo es el fin del mundo. Se acabarán las penas, las envidias y los sufrimientos. No tendrás que ir a la escuela ni trabajar. No tendrás que seguir con la maldición del padre Adán. No más tráfico en las vías, no más aplastamientos en el metro, no más diferencias políticas. Es sólo el fin del mundo, y no lo lamento. Pero no festejen tanto porque igual el más allá es peor o nos sale mal la reencarnación.

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Henny-Penny

Cuento tradicional inglés
Traducido por Mobtomas

Hace mucho tiempo, una mañana soleada en una granja, una gallina muy responsable, ahorradora y cuidadosa de su dinero, llamada Henny-penny, se dedicaba a raspar el suelo del patio en busca de maíz cuando ¡PUM!, una teja floja del gallinero cayó y la golpeó en la cabeza. “¡Pero qué desgracia!”, dijo sorprendida Henny-penny en un tono trágico digno del mayor drama mientras se sobaba la cabeza, “el cielo se está cayendo, debo correr a avisarle al rey”.

Y así, olvidando que dejaba sus responsabilidades de lado, y abandonado su dinero en el gallinero, Henny-penny corriendo despavorida se dirigió a notificarle al rey de la desgracia.
Corría y corría hasta que en su camino se encontró a Cocky-locky, un gallo galante y elegante, siempre preocupado por lucir bien. “¿A dónde vas Henny-penny?”, le preguntó Cocky-locky con su bien timbrada voz y posando como si fueran a retratarlo. “Corro muy de prisa para avisarle al rey que el cielo se está cayendo”, le dijo sofocada Henny-penny. “¡CLOOOO!, ¡eso es muy grave!, ¿puedo acompañarte?”, le digo Cocky-locky, perdiendo su apostura y con una ya no tan bien timbrada voz. “¡Por supuesto!”, contestó Henny-penny. Así iban corriendo, aleteando y gritando, Henny-penny y Cocky-locky, para dar aviso al rey de que el cielo se estaba cayendo.

Corrieron y corrieron hasta que en un lugar del camino se encontraron a un pato muy formal, flemático y maduro llamado Ducky-daddles. “¿A dónde van Henny-penny y Cocky-locky?” les preguntó Ducky-daddles con su típica voz muy difícil de entender, pero eso sí, con su acostumbrada seriedad y sobriedad. “Corremos muy de prisa para avisarle al rey que el cielo se está cayendo”, le dijeron sofocados Henny-penny y Cocky-locky. “¡CUAAAAAC!, eso es grave. ¿Puedo ir con ustedes?”, dijo Ducky-daddles aterrado, histérico y olvidando por completo su seriedad. “¡Por supuesto!”, contestaron Henny-penny y Cocky-locky. Así iban corriendo, gritando y aleteando, Henny-penny, Cocky-locky y Ducky-daddles a dar aviso al rey de que el cielo se estaba cayendo.

Corrieron, corrieron y corrieron hasta que en su camino se encontraron a un ganso desconfiado y muy incrédulo, llamado Goosey-poosey. “¿A dónde van Henny-penny, Cocky-locky y Ducky-daddles?” les preguntó Goosey-poosey con su habitual desconfianza. “Corremos muy de prisa para avisarle al rey que el cielo se está cayendo”, le dijeron alterados Henny-penny, Cocky-locky y Ducky-daddles. “¡JOOONK!, ¡qué horror!, ¿puedo ir con ustedes?”, dijo Goosey-poosey olvidando su desconfianza y creyendo completamente tan aterradora noticia. “¡Por supuesto!”, contestaron Henny-penny, Cocky-locky y Ducky-daddles. Así iban corriendo, gritando y aleteando, Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles y Goosey-poosey a dar aviso al rey de que el cielo se estaba cayendo.

Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-lurkey


Corrieron, corrieron y corrieron hasta que en su camino se encontraron a Turkey-lurkey, un pavo travieso y bromista, siempre al acecho en busca de nuevas víctimas para sus bromas. “¿A dónde van Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles y Goosey-poosey?”, les preguntó Turkey-lurkey curioso, tanteando el terreno para jugarles una broma. “Corremos muy de prisa para avisarle al rey que el cielo se está cayendo”, le dijeron alterados Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles y Goosey-poosey. “¡GLOOOO!, ¡pero qué desgracia!, ¿puedo ir con ustedes Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles y Goosey-poosey?” les preguntó Turkey-lurkey lleno de miedo y olvidando por completo las bromas. “¡Claro que sí Turkey-lurkey!”, dijeron al mismo tiempo Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles y Goosey-poosey . Así iban corriendo, gritando y aleteando, Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-lurkey a dar aviso al rey de que el cielo se estaba cayendo.

Corrieron, corrieron y corrieron hasta que en su camino se encontraron a un astuto zorro llamado Foxy-woxy. Foxy-woxy preguntó a Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-lurkey: “¿A dónde van Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-lurkey?” Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey poosey y Turkey-lurkey le respondieron a Foxy-woxy: “Corremos muy de prisa para avisarle al rey que el cielo se está cayendo”. “¡Vaya!, pero ese no es el camino para llegar hasta el rey, Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-lurkey”, les dijo Foxy-woxy, “yo conozco el camino correcto, ¿quieren que los guíe?”. “¡Por favor Foxy-woxy!”, dijeron al mismo tiempo Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-lurkey, olvidándose de todo en el mundo, excepto de su misión de notificar al rey que el cielo se estaba cayendo. Allí iban corriendo Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey, Turkey-lurkey y Foxy-woxy a dar aviso al rey de que el cielo se estaba cayendo.

Corrieron, corrieron y corrieron hasta que llegaron a un agujero muy oscuro y estrecho. Era la entrada a la madriguera de Foxy-woxy.
Foxy-woxy

Foxy-woxy les dijo a Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-lurkey: “Este es el mejor atajo para llegar más pronto al palacio del rey, así que síganme para darnos prisa. ¡Vamos Henny-penny, Cocky-locky, Ducky-daddles, Goosey-poosey y Turkey-turkey! No hay tiempo que perder.” “¡Claro que sí Foxy-woxy!, ¿por qué no?”, dijeron todos confiados y olvidando muchas cosas, incluyendo que las damas son primero, Turkey-lurkey, Goosey-poosey, Ducky-daddles, Cocky-locky y Henny-penny se dispuieron a seguir a Foxy-woxy adentro de la cueva.

Foxy-woxy entró primero y sin adentarse demasiado, cuando estaba en un sitio lo suficientemente oscuro, se detuvo a esperar a Turkey-lurkey, Goosey-poosey, Ducky-daddles, Cocky-locky y Henny-penny. Turkey-lurkey, al ser primero en entrar, pensó detenerse para asustar a sus amigos que venían detrás, pero era tanta su prisa por llegar a avisar al rey que olvidó su broma y siguió adelante confiando en que Foxy-woxy no estuviera muy lejos. Foxy-woxy no estaba nada lejos. De repente se oyó un ‘Hrumph’. Fue el seco sonido que produjo Foxy-woxy al arrancarle la cabeza a Turkey-lurkey y arrojar el cuerpo del pavo hacia un rincón de la madriguera. A continuación llegó confiadamente Goosey-poosey y… ‘Hrumph’, por allá fue a caer la cabeza del ganso, mientras su cuerpo era arrojado hacia donde estaba el de Turkey-lurkey. Sin formalidad llegó corriendo Ducky-daddles y… ‘Hrumph’, golpeó Foxy-woxy. Ducky-daddles perdió literalmente la cabeza y su cuerpo fue arrojado al rincón donde estaban los cuerpos de Turkey-lurkey y Goosey-poosey. Cocky-locky entro en la cueva, temblando y con un aspecto nada galante, pero no llegó muy lejos porque de repente se escuchó un ‘Hrumph’, Cocky-locky alcanzó a gritar: ‘¡KIKIRIQUÍ!’. De nuevo un ‘Hrumph’, seguido de un silencio y por fin Foxy-woxy descabezó a Cocky-locky, lanzando el cuerpo del gallo al lugar donde estaban los de Turkey-lurkey, Goosey-poosey y Ducky-daddles.

Afuera del agujero Henny-penny logró escuchar el grito aterrado y destemplado de Cocky-locky. “Es ya la madrugada”, se dijo la gallina, aunque no había dejado de ser la misma mañana soleada en la que cayó una teja en su cabeza, “debo poner mis huevos o se me hará tarde para luego contar mi dinero”. Entonces se dio media vuelta y se fue corriendo a casa, olvidando por completo su idea de que el cielo se estaba cayendo, y retomando su rutina diaria.

Henny-penny

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Rompimientos de progenitoras

Voy por la calle pensando en cuentos infantiles tradicionales, con fines educativos, para los niños, y de repente veo a la mujer de triple papada y doble llanta en la cintura, fea como la chingada, pegandole a su hijo de dos años, un mocoso (literal) en pleno llanto, diciéndole: “siempre chillando cuando te rompe uno tu madre”. Al parecer a veces la ‘educación’ de los hijos requiere de menos sutilezas que contarles cuentos. Un ‘rompimiento materno’ propinado por la propia madre.

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